︎

 




Serena Vargas

Universo, 2018

Video escultura instalación*
Tela de gaza, aguayo, hilo blanco
180 cm x 183 cm
Lugar de realización: Cochabamba, Bolivia
*La exposición virtual solo recoge el video



Artista Boliviana.- Explora desde lo íntimo la experiencia,  la acción, el hecho un fluido vital en su cuerpo como reflejo del contexto en que se vive; ha participado en bienales, exposiciones colectivas en Bolivia, Argentina, EEUU y España. El 2018 gana la Bienal Siart internacional de arte con el laboratorio textil muestra colectiva "Entraña lo sagrado femenino", La Paz Bolivia; es parte del programa de residencias artísticas Kiosko Galeria, Santa Cruz 2019,  es parte del plataforma de pensamiento colectivo RASTRUMS para procesos de arte, relatos y creación colectiva online, ediciones 2020 – 2021












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Serena Vargas

Portales de migración

Antes de la cuarentena atravesé portales de migración con mi hijo, de Buenos Aires, Argentina, a Bolivia. Portales de transición que no esperaban ni imaginaban este panorama, pero avanzamos juntos. En ambos crucé miradas con otras mujeres y sus hijos, cada una en distintos asientos, algunas mirando a una ventana, otras solas, en medio, mirando al suelo o al techo. Ninguna de las madres en el avión se conocía, pero todas, en cierta forma, nos cruzamos la mirada y nos dirigíamos a un vuelo alto para movernos de un lugar a otro con nuestros hijos.

Es complicado hablar de la maternidad en términos singulares. Erróneo, diría yo, puesto que lo nombro como maternidad(es). Desde lo plural, cada mujer construye su experiencia maternando desde su intimidad y singularidad. La maternidad no es una sino muchas, no existen fórmulas exactas ni conceptos generalizados. Cada mujer que decide ser madre es un universo completamente distinto del otro. En este sentido, al reflexionar sobre la maternidad en aislamiento no puedo evitar pensar en el universo plural, en diferentes condiciones, de las mujeres en cuarentena junto a sus hijos. Lejos de pensar en el aumento de la carga horaria de tareas, cuestiono el por qué. Vivimos en una sociedad machista, donde la idea de la madre está ligada a un ser perfecto e incansable, donde se aplaude al sacrificio y sufrimiento de la madre como mujer ideal y perfecta.

Maternar es político y revolucionario, maternar implica decidir ser madre independiente de la situación de cada mujer. Maternamos cuando nos enfrentamos a una sociedad machista que idealiza y martiriza la figura de la madre, maternamos como acto revolucionario al decir: “sí deseo ser madre por mí misma”, “esto es lo que quiero para…”.

Maternamos al enfrentar la idealización y simplemente vivimos la experiencia de forma personal. Maternamos como acto político al enfrentarnos a comentarios condescendientes como: “qué lindo que sigas haciendo arte (a pesar de tener hijos)”, “¿se puede estudiar y trabajar y ser madre, te puedes superar todavía (a pesar de tener hijos)?”.

Maternamos de forma revolucionaria al entender que decidir no ser madre en muchos casos también es un privilegio de clase, porque no todas tenemos acceso a métodos anticonceptivos, educación sexual o siquiera el tiempo para reflexionar sobre lo que quiero para mi vida como mujer, sobre qué es ser mujer. La realidad es que muchas mujeres no tienen el espacio u oportunidad para pensar su vida y la maternidad, ya que el trabajo y las necesidades primarias y básicas están por encima de cualquier reflexión o pensamiento personal e íntimo.

Entonces, maternamos de forma revolucionaria al entender, al no juzgar ni mucho menos ponernos en un plano de superioridad con aquellas que no tienen los mismos privilegios (de clase y de pensamiento introspectivo). Maternamos al exigir que se despenalice el aborto, que sea ley y que la maternidad sea deseada.

Pero también, en nuestro acto más político y revolucionario, maternamos al generar complicidades entre mujeres madres desde algo tan simple como la mirada honesta y el acompañamiento en el vuelo.